Y es que así son la mayoría de las cosas que nos dan felicidad, lamer el plato de la tarta de galletas de mamá o encerrarte en la nueva mampara de la ducha de la suegra.
No tenemos que perder de vista a las personas que queremos, a veces nos necesitan y no saben como decírnoslo, deberíamos tener una gran pantalla en el pecho que contara nuestros problemas, así todos nos entenderíamos más. Estamos tan cegados en nuestras cosas, o en creer que damos todo por una persona, que perdemos la perspectiva de 36o grados y dejamos de atender otras necesidades mucho más básicas. Recordemos a Maslow …

Mucho cuidado con avanzar en escalones y olvidarnos de las anteriores estaciones o la pirámide se derrumbará … veamos, voy a examinarme a mi mismo …
respiro, como, descanso, ops … yo que pensaba que iba por el último peldaño …